Entradas en: diciembre, 2010
Cuando se acerca la hora de escribir la carta a los Reyes Magos
Antes de empezar a escribir la carta, nos puede ayudar hablar un rato con la niña o el niño sobre la figura de los Tres Reyes de Oriente – explicarle la historia como si fuese un cuento – y hacerle ver que en una sola noche los Reyes han de llegar a los hogares de todos los niños y niñas del mundo. Es importante hacerles entender que los Reyes no siempre pueden traer todo aquello que se les pide en la carta.
Una vez hecho este previo, es importante ver qué selección hace el niño o la niña de los juguetes. En un primer momento se le puede decir que haga un listado de todos los juguetes que quiere, y más tarde le ayudamos a escoger cuáles pedir y cuáles no. Es importante vigilar no caer en el exceso y fomentar la variedad.
Cuando se ha hecho la selección, ya podemos empezar a redactar la carta:
o Si es posible, una carta personalizada, hecha por el niño o la niña, ayudará a que se sienta más partícipe y la mande con más ilusión porque la habrá hecho él o ella.
o Enseñarle cómo se redacta una carta (encabezamiento, fecha, despedida…), ya que de esta manera le enseñamos a la vez pautas de redacción. Además, nos puede servir para educarle en valores tan fundamentales como es la generosidad o la preocupación hacia los demás.
o Una buena caligrafía, cuidar las faltas de ortografía y mantener la carta limpia, ayudará a los Reyes en su tarea de leer todas las cartas de las niñas y los niños.
o Orientar en la redacción, indicando que se dirige a unas Majestades y por tanto se ha de ser respetuoso e interesarse también por ellos. Evitar que la carta se convierta únicamente en un listado de juguetes.
o Motivarle a pedir otras cosas que no sean sólo juguetes para él: pensar en otros niños y niñas del mundo.
o Si como adultos también hacemos una carta, ayudemos al niño o a la niña a ver nuestro grado de coherencia, ya que así comprobará como tampoco pedimos demasiadas cosas y nos conformamos con lo que finalmente nos traen los Reyes.
Todas estas pautas se refieren a la redacción de la carta, pero también hay otras acciones que pueden ayudarnos
o Se puede recomendar a los padres y madres que vayan con sus hijos e hijas a ver tiendas de juguetes. Con esto conseguiremos que los adultos puedan hacerse una idea de los juguetes que piden sus niñas y niños, a la vez que orientarles en la demanda.
o Hace falta prepararse para la llegada de los Reyes. Esto significa que las habitaciones de los pequeños deberán estar ordenadas: los muñecos con las caras lavadas, el pelo peinado, los coches relucientes y bien aparcados, los cuentos recogidos… Si los Reyes pasan también por la clase, también deberemos asegurarnos de que el espacio esté ordenado.
o Si en el colegio se decide escribir también una carta colectiva, en este caso se recomienda que los niños y las niñas pidan un regalo común en beneficio de todo el colegio: por ejemplo, libros para la biblioteca lápices de colores para la clase. La inversión económica será mínima y a cambio las niñas y los niños pueden trabajar juntos para el bien común.
Imma Marín
Presidenta de IPA en España (Internacional Play Association) www.ipaspain.org
Directora de MARINVA Juego y educación www.marinva.es
La resiliencia: jugar para aprender a vivir
¿Qué es la resiliencia? ¿Qué tiene que ver el juego con la capacidad de las personas para afrontar grandes adversidades en sus vidas? ¿Superador de problemas, se hace o se nace?
Aunque la alegría, diversión y entretenimiento que proporciona un rato de juego puede parecer que está a años luz de los momentos más duros y difíciles de la persona, la actitud lúdica y el juego son, en realidad, un gran recurso que nos prepara para cuando las cosas no salen cómo esperamos. Jugar no es sólo cosa de niños; nos ayuda a crecer y a fortalecernos en el singular camino de la vida.
El reto de afrontar dificultades
La palabra resiliencia, aplicada al ámbito de la ingeniería, se refiere a la capacidad que tiene un material para absorber la energía que se le aplica al deformarse elásticamente. Esto, traducido al campo de la personalidad, viene a decirnos que una persona resiliente es aquella que frente a una situación o acontecimiento vital adverso es capaz de reunir herramientas para afrontarlo y para, incluso, salir fortalecido de esa situación. Todos hemos vivido de cerca experiencias más o menos traumáticas, como es un despido inesperado, una enfermedad o la pérdida de un ser querido. Es sorprendente cómo las reacciones son múltiples: el victimismo, el miedo o la ira que paralizan y anulan a ciertas personas; sin embargo, otras logran superar estos primeros estadios para posteriormente afrontar la situación con confianza, energía y serenidad en busca de nuevas metas. Esta segunda estrategia de comportamiento es la llamada resiliente y, aunque parece mucho más saludable, no siempre sabemos o podemos llevarla a cabo. La buena noticia es que no se trata de algo que te toca en la ruleta de la fortuna, sino que la resiliencia es una capacidad de carácter constructivo que podemos entrenar para tenerla disponible cuando nos haga falta. Y en esta puesta a punto de la resiliencia es dónde entra el juego.
Para poder construir nuestra capacidad resiliente, tenemos que fijar la atención primero en la autoestima y la relación con la gente que nos rodea, que son las bases sobre las que se asienta. La autoestima es la valoración positiva o negativa que uno hace de la imagen que tiene de sí mismo y, en este sentido, es fundamental el autoconocimiento profundo que nos permite llegar a aceptarnos. Por otro lado, el apoyo y relación con los seres queridos, también favorece nuestra resiliencia, pues en la medida que sentimos su respaldo y empatía, nos sentimos fuertes y capaces de remontar el vuelo después de una caída. En definitiva, la confianza en uno mismo y en los demás nos dan las claves de la fortaleza personal. Para desarrollar la resiliencia se hace imprescindible la construcción de confianza, y es aquí dónde se comienzan a vislumbrar las virtudes y potencialidades del juego.
El juego como fuente de fortaleza
En primer lugar, el juego discurre en la dimensión del “como si”, fuera del mundo real y, por consiguiente, en un contexto implícito de libertad y de ausencia de juicio. En él se crean espacios y situaciones especiales donde las personas nos implicamos y entregamos sin miedo, porque sabemos que del buen o mal desenlace no se desprende ningún peligro. Esto supone una posición psicológica particular por parte del jugador, que está basada en el convencimiento de que, lo que se está haciendo, no será, en ningún caso, juzgado.
Por otra parte, el juego es, en sí mismo, un acto continuo de afirmación de la propia personalidad y de relación con los demás. En el juego, aceptamos la tesitura de participar activamente, de colocarnos al lado y frente al otro, de aportar al grupo y de saber recibir del grupo, construyendo nuestra identidad particular frente a la identidad de los otros. De esta manera, la construcción del autoconcepto es continua y, gracias a las experiencias de juego, autoconcepto y autoestima se fortalecen y retroalimentan. Los aciertos suponen referencias de éxito, y los errores, lejos del fracaso, se convierten en oportunidades para nuevos intentos, generando saludables defensas a la frustración. En la otra cara de la moneda, jugar también es un ejercicio de socialización, donde uno aprende a conocer a los otros, a confiar, a cooperar e incluso a resolver conflictos. La simple aceptación de las reglas de un juego o el sometimiento a los resultados del azar constituyen de por sí un verdadero ejercicio de consenso y entendimiento entre todos los jugadores.
Además, el juego provee de experiencias de ensayo-error, donde el poder del jugador para intervenir y transformar la realidad se pone a prueba desafiando los límites de lo real frente a lo posible. En el juego, el único límite es nuestra imaginación. Por ello mismo, el juego se convierte en un despliegue de situaciones que favorecen el ejercicio de habilidades y capacidades tan necesarias en la vida diaria como la creatividad, la asunción de riesgos, el esfuerzo, el sentido del humor, la moralidad o el pensamiento crítico.
En definitiva, con el juego las personas ejercitamos y ponemos a prueba nuestras capacidades para encontrarnos con nuestros propios límites de forma saludable e intentar así aprender a superarlos. De esta manera, el gusto por el reto, la confianza, el optimismo, la vivencia de los errores como oportunidades, la búsqueda de interdependencia con los demás y la curiosidad y exploración continua vienen a afianzar nuestra fortaleza personal y nuestra relación con los otros en cada nueva experiencia lúdica. Jugar se convierte así en una poderosa herramienta para ensayar y aprender las actitudes y habilidades de la resiliencia que tan importantes son en el juego de la vida.
Imma Marín
Presidenta de IPA en España (Internacional Play Association) www.ipaspain.org
Directora de MARINVA Juego y educación www.marinva.es


